La comunidad astronómica mundial se encuentra inmersa en una carrera contrarreloj para desentrañar los secretos del Cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar confirmado que atraviesa nuestro Sistema Solar. Su comportamiento anómalo y su origen foráneo han encendido la curiosidad científica y, de paso, han generado una ola de especulaciones que ha puesto a prueba los límites de la divulgación.
Descubierto en julio de 2025, el 3I/ATLAS no es un cometa ordinario. Su trayectoria hiperbólica indica que solo pasará una vez por nuestro vecindario cósmico antes de regresar al espacio profundo, lo que hace de su estudio una oportunidad única y fugaz. Pero lo que realmente intriga a los astrónomos es una serie de anomalías que desafían los modelos convencionales:
- Aceleración No Gravitacional: Observaciones recientes, especialmente cerca de su perihelio (máximo acercamiento al Sol), revelan una desviación sutil en su órbita. El cometa no se encuentra donde la gravedad predice que debería estar, lo que apunta a una aceleración no gravitacional que los científicos luchan por explicar.
- Composición Inusual: Los estudios indican que el 3I/ATLAS es más pobre en agua y más rico en dióxido de carbono de lo que se esperaría, lo que sugiere que se formó en un entorno químico muy diferente al de nuestro propio sistema estelar.
- Pérdida de Masa Anómala: Se ha registrado una significativa pérdida de masa que, si no se traduce en la nube de gas esperada, podría apuntar a un proceso desconocido o incluso a una estructura interior porosa o hueca.
Esta combinación de factores ha reavivado las teorías más audaces. El astrofísico de Harvard Avi Loeb ha sido el más notorio, sugiriendo la posibilidad de que el 3I/ATLAS pudiera ser un artefacto tecnológico interestelar.
Si bien la mayoría de los expertos descarta la idea de una nave alienígena, reconociendo que el comportamiento anómalo se debe probablemente a procesos naturales de sublimación cometaria que aún no comprendemos del todo, el interés por el objeto es tan alto que la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN), coordinada por la NASA, ha puesto en marcha una campaña de observación global.
Esta “activación de protocolo de defensa planetaria” no es una señal de amenaza inminente —la NASA y la ESA confirman que el cometa pasará a millones de kilómetros de la Tierra, sin riesgo de colisión—, sino un ejercicio de coordinación para sincronizar telescopios en todo el mundo. El objetivo no es la defensa, sino el conocimiento: aprovechar el paso de este mensajero de otra estrella para obtener datos valiosos sobre los materiales y la química que dan origen a otros sistemas estelares, un esfuerzo científico que se extenderá hasta enero de 2026.
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